martes, 24 de enero de 2017

Hablarle a un dolor

El querer dormir a veces
me transporta a lugares
lugares que no son esta cama
espacios que no son el apagar
y dormir
y esperar

los olores son colores
que arrasan y traspasan
me rozan la piel
y se deslizan como peces

y yo estoy siguiendo algo
una línea imaginaria
que es discontinua
y cambia de recorrido
y de parecer
y de camino 
y sube y baja

¿a quién vas a asustar vos, miedo?
no podés intervenir así
vos también le tenés miedo
al miedo
y te reprimís un rato
una hora 
porque yo te vi

y es necesario
claro que es necesario
que vos te asombres
pero no me quieras hacer tuya
porque yo soy mía

miedo, este no sos vos
y esta sí soy yo

jueves, 12 de enero de 2017

Una carta

No te olvides de ninguna carta cuando pase el tiempo, llevátelas todas a tu casa nueva, iluminada. No te olvides de que algunas sombras son así de oscuras pero que los colores que iluminan aparecen y las personas también. Las personas siempre aparecen en algún interior, escondidas. No te olvides después porque algunas ideas se borronean con la edad, o con las nuevas responsabilidades. Suele pasar, pero no lo hagas.
Llevate todos los poemas escritos en todos los cuadernos y todas las libretas, y los que todavía no, no dejes ninguno abandonado, sin espacio para esparcirse.
Buscá la compañía que te acompañe adecuadamente y que te sonría en los soles y que se siente contigo a llorar en las lluvias.
Respirar es así, a veces es más fácil; a veces no queda aire. No le mientas al dolor, ¿querés? Te puede jugar en contra. Escuchalo un rato, después dale agua y echalo o ya se va a tener que ir.
Los libros también, llevátelos todos, ya les vas a conseguir una linda biblioteca.
Y así también llevate a vos (o a mí), con todos los sentimientos cargados y los lápices derretidos. Vayamos entendiéndonos. Las cosas están mejor cuando son claras. Y mi nombre me quiere dejar claras algunas cosas.
Antes pensabas que el amor nos iba a salvar, cuándo habrá sido la primera vez que lo leímos, en algún lado. Y ojalá lo sigas pensando, porque el amor es así: salva personas.
Y de la felicidad, un lugar que se hace desear (¿un lugar?) y que la gente espera sin observar. Un día aprendí que la felicidad no se trata tanto del "ser" feliz, sino del "estar" feliz y que se alimenta de momentos, de la calma, de la serenidad, del estoy bien hoy, ahora, acá.
Los ideales y las convicciones me acompañan ahora también, como antes. Espero sigas luchando.
Cuando llorar siempre ayudó a sanar y a entender cosas que parecían escondidas como algunos interiores que deben de estar escondidos o guardados en algún lugar. No todas las partes se ven tal cual son. Tal vez de eso se trate. De reconocer y abrir y abrirse después.
Las zapatillas de ballet deben de estar por acá, sí.
Tal vez me lea en unos años, en algunos días de amor y de pensamientos. Los caminos siempre conducen a algún lado, nunca quedan estancados.
No te quedes ahí, seguí un rato más, unos años más, una infinidad más.

Con amor,
yo.