domingo, 31 de enero de 2016

Vaivén

Igual es verdad que debería saber esperar, que debería ser más paciente y prestar más atención. Es verdad que siento mucho y respiro poco. Es verdad que estoy todo el tiempo pendiente de mis pensamientos y cómo tengo que actuar. Es verdad que estoy tensionada sin darme cuenta, no solo físicamente. Es verdad que algunas veces disfruto del viento y otras no me conformo. Es verdad que a veces me gustaría llamarme de otra manera porque no me gusta como queda mi letra cuando escribo mi nombre. Es verdad que un día me miro al espejo y me gustan mis piernas pero al otro deja de pasar. Que me gusta la soledad, que me gusta escuchar mis silencios pero que al rato necesito que vuelvan porque me ahogo en mí misma. Que me pongo vestidos y doy vueltas porque me gusta como se siente. Que digo cosas y después no cumplo conmigo y me siento culpable. Que no puedo lastimar a nadie, que no me gusta hacer daño porque siento y sé que el "perdón" no se siente sincero a los ojos de nadie y no se puede retroceder, pero que me siento re gila por lo mismo. Que me mareo y me desenredo. Que a veces me gusto y que a veces me desintegro. Igual es verdad que tan simple y tan compleja después.

lunes, 25 de enero de 2016

Natural

Hoy me dijo que me veía contenta. Me lo dijo como una afirmación. Me senté en la silla y esperé. Me preguntó cómo estaba y qué había hecho. Me limité a responder "con calor" y sentí una sonrisa en mi cara como de "vos sabés que tengo más cosas para decir".
¿Cuán bien estoy? ¿Qué es estar bien? Si respiro y tiemblo. Pero estoy tan consciente.
Nunca dejé de entender el alrededor. Pero ahora lo acepto y lo cambio. Lo entiendo. Aprendo a ser paciente, a aprender de a poco. A querer calmar. Ya no tengo la necesidad de escapar de las situaciones: las enfrento, se me hacen menos intensas.
Capaz le quise responder eso y muchas cosas más. Pero él me entendió y adivinó. Dio la orden de disminuir.
"Hace mucho tiempo estás bien" me dijo.

viernes, 22 de enero de 2016

II

Invítame a complacerte
y desearte
Desmiente las carnalidades
Subyaga por entre los ecos
todo rito de aproximación
Descárname
pues al verte huiría
Pero si al percibirte en un mas allá
supieras guiarme,
yo sería tu minúscula sonrisa
y reiría.

Spinetta

domingo, 17 de enero de 2016

Mitades y pedazos

A veces nos partimos en mitades. En serio, yo las vi. Mitades que luego se encuentran con más mitades. Mitades que nunca llegan a ser "uno", no forman "uno". Nadie piensa que deban tratar de formar algo cuando sencillamente ya lo son.
Esta inmensidad es tu inmensidad. Es un pedazo de tus pedazos.
Todo está bien si entendemos el espacio del otro y aceptamos sus mitades y los pedazos faltantes. Capaz no hay que tratar de llenarlos, capaz solo hay que acompañar ese vacío. Un supuesto vacío que está lleno de esas cosas que no ves.
Tus espacios, mis espacios.
Mis mitades, tus mitades.

sábado, 9 de enero de 2016

Lo inmenso y lo sin nombre (esta libertad)

Lo espeso en la continuidad de las palabras.
El tiempo se va llevando cada pensamiento.
Cada pedazo de pensamiento
que nos roza al compás del viento.
¿Cuántos tipo de miedos existen?
O me tengo miedo.
¿Cómo es el horizonte que ves vos?
Estoy pensando porque no me acuerdo qué siento hoy.
A mi no me gusta sentarme a escucharme.
Es un remolino de muchas cosas.
¿Cuántas cosas hay para entender?
¿Cuántos matices de cosas hay para entender?
No me tengo miedo.
Recorro los caminos desiertos,
los llenos de gente.
El roce de las pieles
y los atardeceres.
¿Cuántas infinitas cosas hay para expresar?
Si es todo tan inmenso
y tan inalcanzable.
Tan enorme,
tan hermoso.
Tan sin nombre.

Cuando entendí

Un día, cuando tuvimos conciencia y entendimos, nos dijeron lo que está bien y lo que está mal. Pero ¿entendimos realmente? Luego nos pidieron por favor que seamos felices y libres. Pero, sin decirlo, nos dicen que debemos serlo bajo condiciones. ¿Condiciones que nos establece quién? Entonces te das cuenta de que hablan de una tal libertad que no respetan, la admiran pero les da miedo alcanzarla. No se dejan llevar. Nadie la tiene, entonces "por qué la voy a tener yo", ¿no? Y seguimos juzgando; juzgamos por la música que escuchamos, por como nos vestimos, por quiénes son nuestros amigos, por con quién queremos estar, por como queremos vivir nuestras vidas. Pero claro, acuérdense de la libertad, eh. No sea cosa que no la respetemos. La mierda inculcada, hasta sin querer. Nos da tanto miedo cambiar, tanto miedo a lo que no conocemos. Y al que se anima: se lo señala. Pero ¿qué es "lo que está bien" y "lo que está mal"? ¿Simplemente seguimos a una masa de personas?. Pero un día consideramos pensar de otra manera y notamos el vacío existencial. Ese cambio, ese nudo que hay que ordenar. Sentimos que lo que pensamos ahora no está en su lugar, pero ¿y si desde el principio estuvimos equivocados y ahora estamos en lo correcto? Nos empezamos a sentir por fuera, dolor, ardor en el medio de la garganta. Y ahí entiendo que me quiero olvidar de lo que la sociedad me obliga a pensar o de qué manera actuar. No dejo que me presione, me aferro a las personas que lo comprenden, me aferro al amor, me aferro a sentir, a ser realmente libre (como yo quiera serlo), a lo que a mi me parezca adecuado o no. Sin querer me empiezo a alejar de las personas tóxicas, que no me aportan nada, que están erradas, no los dejo contagiarme más de malas intenciones. Despierto y respiro al viento. Cuando siento la tristeza, la vivo en paz y cuando me inunda la felicidad, la disfruto. Me acompaño para luego acompañar. Me doy tiempo y no me fuerzo.
Y lloro, y amo, y sufro, y entiendo; por fin entiendo.