miércoles, 29 de julio de 2015

"Tengo ganas de encontrarme sin tener que esperar una señal o peor una alarma de por dónde empezar.

Buscar lejos, 
sin primero querer revisar en los mismos recovecos donde a veces me escondí con vos.


No quiero buscarme en el espejo hoy también. Mirarme hasta poder definir qué es ser lo que ves. 

No quisiera no poder dormirme, pero eso pasa cuando lo que querés decir lo dejás ahí achicharrándose. 

No quiero encontrarme solamente cuando alguien además de mí puede verme y decir que lo que soy está bien, que hago algo bien.

No quiero dejar algo para empezar algo nuevo, convenciéndome de que esta vez no lo voy a dejar, para después, como siempre, dejarlo porque me di cuenta que no era lo mío."


viernes, 24 de julio de 2015

Capítulo 67

“Me estoy atando los zapatos, contento, silbando, y de pronto la infelicidad. Pero esta vez te pesqué, angustia, te sentí previa a cualquier organización mental, al primer juicio de negación. Como un color gris que fuera un dolor y fuera el estómago. Y casi a la par (pero después, esta vez no me engañás) se abrió paso el repertorio inteligible, con una primera idea explicatoria: “Y ahora vivir otro día, etc.” De donde se sigue: “Estoy angustiado porque… etc.” Las ideas a vela, impulsadas por el viento primordial que sopla desde abajo (pero abajo es sólo una localización física). Basta un cambio de brisa (¿pero qué es lo que la cambia de cuadrante?) y al segundo están aquí las barquitas felices, con sus velas de colores. “Después de todo no hay razón para quejarse, che”, ese estilo.” 

Rayuela - Julio Cortázar